Luis Suárez se lo habían contado alguna que otra vez. Tal vez Godín o acaso Giménez, durante mil concentraciones con su selección. Pero hasta que no lo vivió, no supo realmente lo que era. Tras quitarse con rabia la camiseta, después de alcanzar, al fin, su gol número 20, después de dos meses de bendita espera, soltó un rugido de liberación. Lo hizo antes de que sus compañeros lo enterraran bajo sus cuerpos. «Todo el mundo te lo dice por el lema del Atlético, no pensaba que se podría sufrir tanto», reconocía el uruguayo tras marcar el gol más importante de su aún breve historia en Madrid. Manteniendo viva una llama que se ha apagado para sus amigos y ex compañeros del Barcelona.

Durante dos veladas de infarto, frente a la Real Sociedad y Osasuna, el punta lo intentó de todas las maneras. Se le fueron al infinito remates que en otro momento habrían entrado dos veces por rincones más angostos. «Hay que acostumbrarse que para ganar la Liga hay que sufrir y superamos otro partido. No creo que mereciéramos tanto sufrimiento», reconocía el protagonista cuyo zarpazo desató una suerte de traca valenciana en los aledaños del Metropolitano.